Biografía de Jhonny Pacheco

Al cumplir sus 70 años de edad, solo podemos decir de Johnny que es la historia viva de la música latina. Su voz la diluyó entre el sonido peculiar de la flauta francesa  y los coros mañosos que imitarán a los de la Sonora Matancera.  Parece haber recogido ― de manera complice junto a su socio de juventud Charlie Palmieri ―, toda la música cadenciosa de la isla mayor y la  prolongara en la ciudad de Nueva York. Su primer álbum, Pacheco y su Charanga Vol. 1, fue el más vendido en el año de 1960, por lo que se volvió un clásico.

Durante los años 60s y 70s Pacheco y el gran Charlie  parecían hacerlo todo, organizaron un grupo de charanga vanguardista muy exitoso llamado la Duboney (Palmieri contacta a Johnny Pacheco en el club Montecarlo) con el que llenaron todos los bailes, abarrotaron el Palladium, el Corso, el Caborrojeño, el club Caravana, el Palmolive, Hunts Point Palace, el Palm Garden, el club Triton, entre otros.  Cuando la Pachanga invadió a la gran ciudad, y se convirtió en una locura, ahí estaba Pacheco en el lugar exacto donde se cocinó la pachanga, el club Social Tritón en el Bronx, modificando su charanga e introduciéndose en el nuevo ritmo con las magnificas voces de un trío de oro: el maestro Chivirico Dávila, el señor Elliot Romero y el maestro Rudy Calzado, en efecto, compartieron todo este momento con los pachangueros de Orlando Marín, Héctor Rivera y su Orquesta, El Sexteto La Plata, la Orquesta de Chuito Vélez y sus Estrellas Boricuas, Charlie Palmieri, Joe Quijano, Al Castellano, Mongo Santamaría, Lou Pérez y su Orquesta, Mon Rivera, Pete Terrace y su Orquesta, Arsenio Rodríguez, Dioris Valladares y su Conjunto, Joe Loco, Kako y su Combo, Charlie Fox, Manolín Morel y su Charanga, Tito Rodríguez, Don Belisario López entre otros y de verdad que fue el delirio. Luego acompañó esa maravillosa reunión que se dio en el club Village Gate en Greenwich Village, la cual se cobijó bajo la sombrilla de los Allegre All Stars y resultaron tres hermosos LPs bajo las voces de Cheo Feliciano, Monguito “El Único” y Chivirico Dávila. Defendió la música típica cubana cuando el boogaloo arrasó con los cimientos tradicionales.  Y ya a comienzos de los años 70s reunió la “Maquina Musical” de La Fania All Stars convirtiendose en una estrella internacional, con presentaciones en Estados Unidos, Europa, Africa, Asia y toda Latinoamérica. Pacheco y su Charanga fue la primera banda latina que encabezó la cartelera del Teatro Apollo, del barrio neoyorquino de Harlem, el templo del jazz (1962), y el álbum en el estadio de los Yankies con la Fania fue reconocido como una de las joyas musicales del siglo pasado.

 

Armando López lo expresó: “Pacheco nació en zurrón. Cuando ya los violines le quedaban cobarditos, y su Charanga comenzaba a apagarse, lo llamaron para trabajar con metales en la Feria Mundial de 1964, y ahí mismo cambió de palo pa’ rumba: ¡Nació Pacheco y su tumbao! Para que no fuera una copia de la Matancera, le agregó un bongó y un tres, al estilo de Arsenio Rodríguez. Sólo faltaba la Fania, el mágico encuentro de Pacheco con el abogado Jerry Masuci, que lanzaría al mundo el nombre de “salsa”, y llenaría el vacío que dejaba la música cubana, aislada en su revolución.

La primera grabación con la Fania (1964) fue el disco 3-25.  La noche del jueves 21 de agosto de 1971 en el Cheetah de Nueva York, será recordada comoaquellas coordenadas geográficas que orientaron a la música latina para que escapara a la conquista de todos los mundos. Es cuando la expresión de la Salsa adquiere todo el vigor e impulso necesario para expandirse determinante a todo el Caribe y a las comunidades latinas de los Estados Unidos, Pacheco expresa: “Fue una noche inolvidable donde le dimos un realce al pueblo latino con Nuestra Cosa Latina”.

Quitaron todo  a su paso y sin pedir permiso a nadie, absorvieron la comunidad latina con su propuesta, en efecto, se posesionaron desde el Barrio (el Harlem Hispano) el ambiente musical de los candados de Queens, el Bronx, Brooklyn y Manhattan,  “Eso fue dos días antes del recital de Fania All Stars en el Cheetah, cuando salíamos Bobby Valentín y Johnny  Pacheco del restaurante del hotel que está frente al Cheetah, nos quedamos los dos que no podíamos salir y entonces vino el estribillo y de allí salí corriendo para hacer el arreglo”, tema que a decir del propio Johnny  Pacheco, “todavía tenemos que tocarlo en todos nuestros conciertos”.

A lo lejos parecía una caricatura o un gracioso boceto de Miró. Su figura delgada enjuta en una camisa sicodélica, pantalones oscuros bota ancha, removiendo una y otra vez su larga melena,  sus  brazos agitados en posesa conjunción tal una transmutación del director austriaco Herbert Von Karajan, dirigiendo una maquina musical, fue una imagen perpetua que Pacheco nos las mostró en todas las presentaciones de la Fania All stars.

El maestro Johnny Pacheco, indudablemente el protagonista principal del fenómeno musical denominado salsa, desde las perspectivas del sello discográfico FANIA y de la orquesta, gestada en el seno del mismo sello y dirigida por él, denominada FANIA ALL-STARS.

César Miguel Rondón, radio-locutor y escritor venezolano, autor de EL LIBRO DE LA SALSA, (Óscar Todtmann Editores C.A. Caracas, 1980), primera publicación en español en abordar en forma profunda el fenómeno de la salsa y obra obligada de consulta de todos los estudiosos e investigadores del fenómeno salsero; cataloga a Pacheco, junto al pianista y director de orquesta Larry Harlow, como uno de los pilares de la onda tradicionalista del movimiento. (ISC)

Juan Zacarías Pacheco Kinipping, mejor conocido como Johnny Pacheco, nació en Santiago de los Caballeros, República Dominicana el 25 de marzo de 1935.

Su madre Octavia, era una maestra de ascendencia alemana, y su padre Rafael Azarías Pacheco, un sastre que estaba considerado el mejor clarinetista dominicano, y quien dirigía la ORQUESTA SANTA CECILIA, la número uno por esa época.

El joven Johnny siempre visitaba la estación de radio local Nueva HB, y cuando la banda tocaba nunca perdía la oportunidad para escucharlos. Pronto estaba sentado en una pequeña silla, al lado de la sección de vientos, pasándole orgulloso las partituras a los integrantes de la banda.

Un día de reyes su padre le regaló una harmónica y a los siete años ya Johnny tocaba Compadre Pedro Juan, un merengue compuesto por el pianista de la banda, Luis Alberti, y grabado también por ellos.

Más tarde la familia se residencia en Santo Domingo, donde su madre Doña Octavia solía escuchar novelas radiadas desde Cuba, dejando la radio encendida el resto del día. Por esos tiempos, Radio Progreso y Radio Mambí pasaban canciones de Arcaño y sus Maravillas, Orquesta Ideal, El Sexteto Habanero y Arsenio Rodríguez, los cuales son escuchados cuidadosamente por Johnny, quien de esta manera absorbe mucha de las influencias musicales que marcarían su estilo.

En 1946, cuando Johnny contaba con once años de edad, su familia se traslada a la ciudad de Nueva York donde ingresa a la escuela Pública en el Bronx, en un vecindario en el que se sentía como en la guerra de Corea. “Había cinco de nosotros, una hermana y cuatro hermanos, teníamos que pelear para sobrevivir. Existían pequeñas pandillas en la calle. Una vez que veían que no eras una gallina, te volvías parte de ellas”, comenta Johnny(1). Pero Johnny se mantuvo fuera de ellas, debido a su fascinación por la música. En la escuela aprendió a tocar el clarinete y el saxofón, y jugaba stick ball.

Ya en la secundaria, y siguiendo los pasos de uno de sus hermanos que era Ingeniero Eléctrico, Johnny aprendió tecnología eléctrica.

En 1953, Johnny tocaba percusión y cantaba en conjunto del pianista Gil Suárez, donde también Louie Ramírez ejecutaba el vibráfono.

Por 1954, mientras estudiaba en la Bronx Vocational High School. fundó una banda de mambos denominada THE CHUCHULECOS BOYS, en la cual tocaban Eddie Palmieri, piano, Barry Rogers, trombón acompañados también de Al Santiago, Mike Collazo y Ray Santos entre otros. Barry, que estudiaba para ser mecánico automotriz pronto siguió el ejemplo de Johnny, y se convirtió en músico de tiempo completo, continuando el trabajo en carros como hobbie. Por esa época el mambo estaba de moda, y la más grande canción del grupo fue su versión de Dragnet mambo, grabada por Machito para el sello SEECO ese mismo año. Su instrumentación consistía en saxo alto, trombón, piano, bajo y una sección de ritmos. Tocaban en bodas y actos sociales, y sus miembros eran como una familia, pero Eddie siempre llegaba tarde, así que un día Johnny tuvo que reemplazarlo. Fue una decisión dolorosa.

Posteriormente Johnny continuó con sus estudios en el Brooklyn Tech, donde sobresalió en todos los cursos. Mientras, continuaba haciendo pequeñas presentaciones con su banda, hasta obtener el grado. Pero recibió una gran desilusión cuando empezó a tener trabajos en el campo tecnológico, todo lo que podía ganar eran US$ 35 a la semana, previo del pago de impuestos.

Un día Luis Quintero lo llamó y le preguntó “¿sigues tocando el acordeón?, vamos a tocar en Villa Pérez y te daremos US$ 95 al final de la semana, más cuarto y tiquete. Esta cantidad de dinero le interesó mucho, así que, sin dudarlo, dejó sus herramientas de ingeniero y se convirtió en músico, sin volver atrás (1).

Después empezó a trabajar como percusionista. Su amigo Willie Rodríguez tocaba la batería con la Orquesta de Paul Whiteman, la gran orquesta Número 1 en Nueva York. “Pienso que él me llamó porque era el único que tocaba bongó y conga y que podía leer música”. Cuando necesitaban a un percusionista latino, me llamaban, así que participé en el Show de Steve Allen y en el Show de Johnny Carson (1).

Cuando Johnny empezó a tocar percusión los cencerros no estaban disponibles comercialmente, por eso los timbaleros de Nueva York empezaron a localizar en las carreras de caballos, si había cencerros colgando del cuello de los caballos para quitárselos. “Yo recuerdo una vez un caballo que tenía uno colgando en el cuello e intenté cortarlo. El jinete vino y me dió una paliza, me atraparon con la evidencia, pero era una hermosa campana”. Por ese tiempo intentó construir un par de congas, para lo cual fabricó la parte de madera y contrató a alguien que trabajaba en un proyecto para la Fuerza Aérea, para que le elaborara la parte de metal. Un día, mientras lo visitaba encontró una pieza metálica en el piso y Johnny, instintivamente la recogió y la golpeó, produciendo un sonido que hizo eco en su oído. “Jesucristo, tengo que hacer un cencerro”, entonces produjo y vendió un buen número de estos cencerros (1).

En 1955, Johnny se integra al grupo THE MAMBALEROS, quinteto de Lou Pérez,  conformado por Nick Conti, piano; Johnny Grasso, saxo tenor y flauta; Cece García, vocalista; Lou Pérez, percusión y Johnny Pacheco en las congas. Debutan en el club Blue Haven de Queens.

Pasado algún tiempo se incorpora a algunas grandes orquestas como la de Tito Puente en calidad de percusionista, Xavier Cugat y  en la de Dioris Valladares como conguero.

En Octubre de 1958, Johnny actuaba con la orquesta de Valladares en el Monte Carlo, ubicado en la calle 137 y Broadway, donde alternaban con el quinteto de Charlie Palmieri. Allí Charlie lo escucha practicar la flauta en los intermedios y se le presenta. En poco tiempo, Johnny se une como baterista al grupo de Palmieri, participando en la grabación para el sello GONE, del álbum EASY DOES IT, donde ejecuta la conga y bongoes.

Para ésa época Fajardo y sus Estrellas se presentaron en una función política para el Senador John F. Kennedy, en el Waldorf Astoria de New York, y su show impactó a los amantes de la música latina y pavimentando el camino para la locura de la charanga. Antes de finalizar el año, Mario Cora, el trompetista del grupo de Palmieri decide regresar a Puerto Rico para integrarse al combo de Cortijo, y Johnny comenzó a tocar los solos de flauta. Así nace LA DUBONEY.

De igual manera en ese tiempo, los lazos económicos y culturales con Cuba se habían intensificado, así que el momento estaba maduro para que Charlie y Johnny comenzaran con su grupo de charanga. “Nosotros cambiamos completamente el sonido de la música latina neoyorkina porque la charanga era ejecutada con flautas y violines, dos voces al unísono y la sección rítmica; timbales, güiro y conga. Ese es el sonido típico cubano” (1).

En 1960, luego de haber grabado para el sello UNITED ARTIST el primer álbum titulado  CHARANGA!, (WS Latino 4090), (reeditado en 19XX bajo el título ECHOES OF AN ERA, por el sello WS Latino), Johnny y Charlie se dieron cuenta que sus gustos musicales eran diferentes. “Charlie era uno de los mejores pianistas de la música latina, era un gran arreglista, pero usualmente escribía muy sofisticado y a Pacheco le gustaba la cosa simple. Johnny entonces hacía los arreglos y escritos, Charlie no era un compositor. Cuando finalizaron la grabación, Charlie tenía su idea de charanga y Johnny la de él. Fue en ese momento cuando se separan”. Debido a que los miembros de la banda estaban muy unidos, decidieron en un “cara o sello” quien se quedaría con quien. Cuando terminaron, Charlie compró una botella de licor y celebraron(1).

Pacheco organizó su propia banda y empezó a comercializarla en la ciudad. Sin embargo nadie quería grabar al nuevo grupo, por lo que fue a un estudio y grabó un disco promocional que contenía los temas El güiro de Macorina y Óyeme mulata. Seguidamente pagó una visita a Rafael Font, un DJ que amaba la charanga, suplicándole “coño puedes tocar esto para mí?”. A Font le encantó lo que escuchó y predijo el éxito. “No sabía que el público había inundado la emisora con llamadas tratando de averiguar dónde conseguir el disco. Se convirtió en un éxito instantáneo. Al Santiago tenía una tienda de discos y la gente fue el sábado a comprar esa cosa de la radio El güiro de Macorina. Al dijo qué diablo es eso del güiro de Macorí?, nadie sabía quien lo había grabado, era sólo un promocional”. Ese domingo Johnny tocaba en un club llamado Los Tritones, localizado en el Bronx, y cuando Al Santiago entró la banda no había alcanzado su octavo tema y le dijo “quieres grabar hijo, te daré un contrato”. Santiago era el propietario del sello ALEGRE.

n 1989, “los compadres” Johnny Pacheco y Pete “El Conde” Rodríguez celebran el 25° Aniversario de su NUEVO TUMBAO, produciendo el álbum CELEBRACIÓN, (Fania 652). Para el álbum, que incluye los temas El Tumbaíto; Esa mujer; Sin fé; ¡Ay María Elena!; Cuentos marinos; Dame un traguito; Guantanamera y Yo tengo la llave, la orquesta estuvo conformada por los siguientes músicos: Isidro Infante, piano; Héctor “Bomberito” Zarzuela, Pedro “Puchi” Boulong y David Rodríguez, trompetas; Johnny Torres, bajo; Eddie Montalvo, congas; Tony Saydal, bongoes; José García, tres, Johnny Pacheco, flauta, güiro y quinto y El Conde, vocalista.

En 1993, cuando se creía que la orquesta había desaparecido después de su celebración de los 25 años, Pacheco reaparece en el mercado disquero con el álbum SIMA!, (Fania 670), vocalizado por Cheo Quiñónez, donde conserva su formato de conjunto de dos trompetas pero ahora con violines e invitados especiales, entre ellos Héctor Casanova, vocalizando un tema, y arreglos  de José Febles, Óscar Hernández, Isidro Infante, Luis García y Paquito Pastor. El álbum incluye los temas El Petiso; Quiero ser; Soneto; Flauta y quena; Ya se fue; El marido de la cotorra; El diablo y to; y Charangas. Participan los músicos Charlie Sepúlveda y David “Piro” Rodríguez, trompetas; Isidro Infante, piano; Marcus Quintanilla, bajo; Luis Rodríguez, tres; Félix Farrar, Lloyd Carter y Brenda Vincent, violines; Jimmy Delgado, bongó y timbales; Eddie Montalvo, congas; Ramón Rodríguez, coros; y Johnny, flauta, percusión y coros; y como invitados Oscar Hernández, piano; Peter McNamara y Héctor Colón, trompetas; Jorge González, bongó y Porfirio Fernández, tambora.

En 1996, participa en el apoteósico concierto realizado en el Teatro La Perla de Ponce, Puerto Rico, junto a su “compadre” Pete “El Conde” Rodríguez, Ismael Miranda y Andy Montañéz. En dicho concierto, Pacheco ejecuta la flauta, hace parte los coros y oficia como director musical de los temas Los Compadres, Sonero, La esencia del guaguancó y Soy hijo del Siboney, vocalizados por “El Conde”. (El concierto fue grabado y publicado en el año 2001).

En el 2000, el sello FANIA publica el álbum JOHNNY PACHECO, (Fania 725), una compilación de temas grabados en álbumes anteriores así: Corso y montuno, Las muchachas, Tu no sabes nada y Esa prieta, vocalizados por Héctor Casanova; Víralo al revés, Dulce con dulce y El divorcio, vocalizados por El Conde; Pinareño, vocalizado por Celio González; Añoranzas, vocalizado por Rolando LaSerie; Esa va y suena bien, vocalizado por Melón; Ciriaco el sabroso, vocalizado por Daniel Santos; Pacheco y Masucci, vocalizado por Roberto Rodríguez; Mango, piña y marañón, vocalizado por Justo Betancourt; y El tumbao y Celia, vocalizado por Celia.

Fania All Stars

Esta nota quedaría incompleta si no destacamos el carisma de Pacheco como líder de la más famosa banda de salsa de toda la historia: LA FANIA ALL STARS. Su olfato comercial  le permitió llevar con su sello Fania Records, la música antillana a todos los rincones del planeta.

Otra faceta de Pacheco que merece destacarse es la de compositor, suyos son éxitos como Mi Gente y el Rey de la Puntualidad temas que identifican al gran Héctor Lavoe.  Tiene más de 150 composiciones en su catálogo, una decena de discos de oro y nueve postulaciones al premio “Grammy”.

Hay quienes afirman que el primer intento de un reunión de todos estrellas del sello Fania se encuentra en el disco de Johnny Pacheco Latin Jam que contó con la participación de Chombo Silva, Pupi Legarreta, Orestes Vilató, Caito y Patato Valdés.

Los salseros de pura cepa recuerdan la imagen de Johnny Pacheco al frente de la Fania All Stars en las películas Nuestra Cosa Latina y Salsa filmadas en 1971 y 1973 respectivamente. Luego de exitosas giras por todo el mundo, en 1976 por primera vez grabó la Fania All Stars un disco en estudio sin el bullicio de los conciertos, dedicado a la memoria del gran cantante boricua Tito Rodríguez.

En marzo de 1979, las Estrellas de Fania viajaron a La  Habana, haciendo parte de la delegación estadounidense al gran Encuentro Cultural entre Cuba y los Estados Unidos en el Teatro Karl Marx con la participación de destacadas luminarias del jazz de la casa discográfica  Columbia Records, que compartieron escenario con la Orquesta Aragón, el Grupo Irakere y legendarios percusionistas cubanos. La presencia de la Fania All Stars pasó prácticamente desapercibida para el público habanero. Como registro histórico se grabó el disco Habana Jam que recoge la presentación de la Estrellas de Fania en el Teatro Carlos Marx de La Habana.

Dentro de la discografía de la Fania All Stars encontramos el álbum California Jam con temas instrumentales grabados en 1976 en los días de la primera producción discográfica de la Fania con la compañía Columbian Records. Este disco fue  lanzado al mercado en 1980.

En la Fania All Stars, Pacheco además de oficiar como director, también hacia coros y aprovechaba para realizar sus solos de flauta y en algunas ocasiones acompañar con la percusión menor.

Fuente: Herencia Latina

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.